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martes, 5 de marzo de 2013

Madrid. Tercera Parte.

¡Madre mía! Desde mayo del año pasado sin publicar nada. Antes de empezar a poner tonterías quiero deciros, queridos millones de seguidores, que estoy viva. El único problema es que me pudo el ocio y el no tener ADSL en casa. Por no tener no tenía ni microondas ni fogones que funcionaran. Pero estuve bien, no os preocupéis.

El mejor Karaoke de Madrid
El mejor Karaoke de Madrid.
¿Y por qué vuelvo ahora? Pues bien sencillo. Os voy a dar la explicación corta, que la larga es un poco full. Después de abandonar Madrid en septiembre de 2012, volví a la provincia. A Valladolid. Empecé muchas cosas, muchos proyectos, incluso me apunté al gimnasio (¡Yo! ¡AL GIMNASIO!). Y hoy, sin yo saberlo hace un par de semanas, estoy de nuevo en la capital. De vuelta al misterioso mundo de los abonos transporte, del metro, de sus gentes y sus karaokes.

Ya, ya lo sé. Que me voy por las ramas, que me centre, bla, bla, bla... La verdad es que dar una explicación importa bastante poco. El caso es que estoy aquí aunque no sé por cuánto tiempo (puede ser una semana como infinito al cuadrado)

Recién llegada con mi maleta y mi boina mental de pueblo, he encendido el ordenata y me he dicho, "Lidia, una vez abandonaste un blog. Él no lo haría". Y es cierto, sigue tal y como lo dejé. Así que retomo mis intenciones pasadas de contar mis vivencias con esta tercera entrega de "De Chotis y Bocata de Calamares".

No sé si esta vez conseguiré bailar sobre una baldosa (aunque eso le corresponde al hombre). Tampoco sé si esos aros rebozados en grasaza reutilizada caerán en mi gaznate. Pero tened por seguro que si lo consigo, será lo menos interesante de mi vida en la Capi. ¡Vuelve la provinciana!

Y para empezar, una canción que me encanta de un grupo que me encanta. ¡Esta vez no me vuelvo al pueblo sin visitar el bar de los Burning!




Queridos, espero no defraudaros.

jueves, 19 de abril de 2012

DÍA 82: El mocosaurio.

Durante todo este tiempo de letargo 'bloguero' he seguido con mi vida en Madrid. Todavía no he bailado un chotis -no encuentro una buena baldosa- ni he comido un bocata de calamares. Bueno, miento. El 100 Montaditos, en el que dejo gran parte de mi sueldo de teleoperadora, ha renovado su carta y se ha puesto un poco madrileña, ofreciendo un bocadillín formado por dos rabas. Es un paso.

No os fiéis de la imagen. Se aleja un poco de la realidad.


No os creáis que no he escrito porque no me ha pasado nada interesante, ha sido pura vagancia. Madrid es un pozo de aventuras absurdas. La gente, los ambientes, los acontecimientos... Siempre habrá un punto en Madrid en el que esté pasando algo fuera de lo normal. No sé si esto también pasará en mi tierra querida, pero, si es así, yo no lo he notado.

Los personajes de Madrid dan ambientillo a mi día a día y noches de karaoke. Personas no muy agradables y otras que hacen que te sientas un reportero de Callejeros. Los que tengo grabados con fuego en el alma, corazón y cabeza son tres. Hoy sólo contaré uno. No me presionéis. 

Estaba esperando al metro sentadita en un banco-barandilla. Esos formados por dos barras de metal puestos a distintas alturas. Son para sentarse. Os lo juro. Mientras sudaba con el calor infernal y pegajoso del submundo, un señor elegante apareció de la nada. Se paró justo delante de mí y se quitó las gafas. Yo supuse que era para limpiarlas y quitar la roña de los cristales. Nada más lejos de la verdad. Le debía picar la nariz porque, mientras miraba la patilla izquierda, ni corto ni perezoso, se la introdujo en una de sus fosas nasales. Y hurga que te hurga. No sé si encontró algo, pero a mí los ojos se me quedaron como dos platos. Estuve por pedirle las gafas para ver si de verdad estaba pasando. Pero decidí que mejor no. El tema mocos patilleros nunca me ha apasionado y menos si alcanzan la parte trasera de mi oreja. 

Esta no es la única vez que he visto cómo alguien se saca moquillos en público. No consigo entender por qué lo hacen y menos, cómo lo hacen de forma tan original. El niño que sangra porque pone demasiado ímpetu en limpiar su nariz de rastros verdes. Bueno, es un niño. Pero, ¿y el señor que va conduciendo su Audi y para en un semáforo en rojo? ¿Por qué aprovecha para sentir el vacío en sus fosas nasales? ¿Por qué? No es necesario mostrarle al mundo este tipo de cosas. Y esto pasa en Valladolid y en Madrid. Pasa en todas partes. ¿Cuándo harán un estudio los estadounidenses para ver qué tanto por ciento practica este deporte? Señores de la Universidad de Massachusetts, les animo a investigarlo. Y a los de Kleenex les digo: menos pañuelos con aloe vera y más publicidad para fomentar el uso de papeles para despejar las naricillas españolas. Hombre ya. 

Por cierto, un saludo a mi amigo Mocosaurio, ese niño del cole, el niño que todos hemos tenido en clase, el mocoso. Lo mismo eras uno de ellos. ¿Tú sorbías o te dejabas dos velas? 

Hoy soy lógica. Escato-lógica.